Un producto soñado en un viaje a Indonesia y Australia en 2002. Todo porque quería poder filmarse a si mismo surfeando. Nick Woodman está pasando por un calvario antológico. GoPro, la compañía que fundó junto a los amigos que le acompañaban en sus viajes y que sacó al mercado la cámara más vendida y toda una categoría de producto en el mercado. Un ejemplo de autosuficiencia e iniciativa empresarial se ha convertido en el remate de un chiste, incluso en algo que poner en peligro la integridad de las personas.

cámara gopro mano selfie

Ascenso, caída de GoPro, y ¿ascenso de nuevo?

Tras el rápido ascenso, todo comenzó a venirse abajo cuando después de sacar la compañía a bolsa, se envalentonaron y diversificaron tanto su oferta que muchos de sus lanzamientos no tuvieron la atención necesaria y fueron fracasos sonoros que para muchos deberían de haber matado a la compañía. El punto más bajo, en 2016, con el caso del drone-cámara -llamado irónicamente karma- , que poco después de ser presentado, recibió un aluvión de críticas al caerse los aparatos del cielo sin razón aparente. Desde 2015 hasta 2017 todo pérdidas. Podrá recuperarse? Las cifras dicen que sí, ya que desde ese mismo año hasta la actualidad, y después de una dosis de realismo y ajustes, todo son beneficios, no astronómicos, pero beneficios. ¿Qué pasó? Woodman confiesa lo duro de la caída en desgracia en una entrevista a corazón abierto:

«Lo peor es que es un descenso largo. Si la pifias aquí o allí…¿a todo el mundo le pasa no? Pero cuando estás descendiendo la colina y preguntándote cuando vas a poder parar, y en ciertos momentos no sabes porqué estás cayendo en primer lugar, y encima añades que has tenido éxito durante tantos años previamente, te preguntas: espera, ¿cuándo empezamos a apestar?, ¿qué está pasando?

El drone, la cámara sumergible, la división audiovisual

La idea inicial tenía sentido. Creas una cámara que muestra las cosas mientras están sucediendo. Desde la bici, la tabla de surf, casco de ski, las posibilidades eran infinitas. Y los resultados espectaculares. La gente postea vídeos que ha grabado con la cámara y eso crea la necesidad de comprar más cámaras. Hasta ahí todo bien. Woodman y sus ayudantes pensaron que el propio producto creaba anuncios sin tener que hacer gran esfuerzo. Creyó que podría estirarlo eternamente. También creyó que lo lógico sería fundar una compañía audiovisual. Se convertiría en una trampa que casi mata a su compañía.

Contratar a muchos empleados para desarrollar software que facilitara la edición del contenido, contratar a más empleados para la futura división audiovisual, sacar al mercado una cámara en miniatura sin visor y mucho menos versátil que la anterior, pero igual de cara. Y el desastre de los drones. O el de las cámaras sumergibles a las que les entraba agua. Todo apuntaba a un caso de complejo de deidad empresarial. Es decir, que todo es posible, solo con desearlo.

GoPro se recupera

Así nació la compañía en 2002, pero la ambición excesiva y una retahíla de productos de alto precio y baja calidad, casi derrumban a un gigante que estaba por nacer. Parece que han reaccionado a tiempo. Hay indicaciones más allá de que la recuperación está ahí. El nuevo modelo Hero6 está en el mercado a tiempo. La compañía produce menos vídeos que hace un año, pero su visionado es mayor, casi de un 65%. Woodman admite realismo ante todo:

«Nos acostumbramos a dar en el clavo -usa la analogía del baseball del home run – cada año. Ahora, preferimos acertar a menor nivel y llegar a primera, segunda o tercera base. También sonaba sexy entrar en el mundo del entretenimiento, pero así es como se lidera una compañía adulta hacia un crecimiento mesurado de largo plazo.”

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